Valentina Ramírez
Los gritos de aquella chica retumbaban cada noche en mi cabeza, hacía días que sentía náuseas en cada comida. Suponía que terminaría por acostumbrarme a los terribles casos, pero llevaba años en el FBI y aun así jamás había escuchado algo semejante. Ni en cintas de entrenamiento, ni en operativos, ni en escenas del crimen.


