Previo a la realización de la conferencia internacional sobre el clima COP30 en Belém, Brasil, la confederación internacional de organizaciones contra la desigualdad y la pobreza a nivel global, Oxfam, reiteró que en América Latina y el Caribe, una persona del 0.1% más rico emitió, en promedio, 151 toneladas de CO2 en un año, mientras que alguien del 50% más pobre emitió apenas 0.6 toneladas.
De acuerdo al estudio de la organización, "los superricos no solo consumen carbono en exceso, sino que también invierten activamente en las empresas más contaminantes y se benefician de ellas".
El organismo advierte que un multimillonario promedio produce 1.96 millones de toneladas de CO2 anuales a través de sus inversiones, es decir, el equivalente a que dar casi 10 mil vueltas al mundo en jet privado.
La directora regional de Oxfam para América Latina y el Caribe, Gloria García-Parra, afirmó que la crisis climática en América Latina y el Caribe es también una crisis de desigualdad, ya que las comunidades más vulnerables enfrentan los impactos más devastadores del cambio climático, mientras los sectores más ricos continúan financiando y beneficiándose de la destrucción ambiental.
La organización estima que las emisiones causadas por la minoría más rica provocan alrededor de 1.3 millones de muertes relacionados con el calor y serán responsables del equivalente a cerca de 75 mil millones de pesos en daños económicos a países de ingresos bajos y medios para el 2050.
Alrededor del 60% de las inversiones de los “súper ricos”, como los cataloga el documento, se encuentran en sectores clasificados de alto impacto climático como petróleo y minería, entre otros.
Estas inversiones, emiten 2.5 veces más CO2 que una inversión media en el índice S&P Global 1200; esto significa que tan solo las carteras de inversión de 308 multimillonarios, producen más emisiones que las de 118 países juntos.
Para mitigar el daño, Oxfam cree que la principal acción a tomar es reducir drásticamente las emisiones de este segmento, para lograrlo, propone la creación de un impuesto del 60% sobre los ingresos totales del 1% más rico a nivel mundial.
Con ello, asegura, se podría disminuir las emisiones de carbono equivalentes al total de Reino Unido y generar cerca de 6.4 billones de dólares.
Otra recomendación es poner freno a la influencia económica y política de los superricos, esto se lograría al prohibir la participación de empresas de combustibles fósiles en negociaciones climáticas como la COP, así como a través de normativas de sostenibilidad a empresas e instituciones financieras.
Finalmente, la organización hace un llamado para adoptar un enfoque equitativo en el reparto de presupuesto climático y construir un sistema económico más justo, que anteponga a las personas y al planeta. Este sistema debe buscar una economía basada en sostenibilidad e igualdad, al tiempo que rechaza la economía neoliberal dominante.


